Rem 20122009

Estoy en mi actual vivienda cuando suena el telefonillo. Mi amigo  ha venido a verme, me siento sorprendido ya que nunca se había pasado por mi casa. Bajo las escaleras y me encuentro con él en la calle.

- ¿Coño qué haces tú aquí? - Le pregunto.
- Pues ya ves, me he comprado el coche por fín y he pensado en hacerte una visita.
- ¿Y qué coche te has comprado?
- Un Clio. Es bastante sencillo pero para lo que lo quiero me vale perfectamente. Además estaba muy barato. Por cierto, te he traido un regalito.

Se saca una piedra de hachis del bolsillo y me la ofrece. En realidad no me venía nada bien. Al día siguiente me iba de viaje y no me lo podía llevar. Dejarlo en casa tampoco era muy seguro así que era más un problema que otra cosa, pero tampoco le iba a rechazar un regalo. Además seguía sorpredido por su visita.

- ¡ Genial! Tiene muy buena pinta. - Me lo guardo en el bolsillo del vaquero.
- Ya sabes que yo no fumo mierda. Bueno vamos a darnos una vuelta con el coche y a cenar algo,  ¿no?
- Claro.

- VACÍO -

Estamos paseando por una calle similar a la Gran Vía y nos metemos en un Telepizza.

- ¿Qué pedimos?
- Dos medianas está bien, ¿no? Pídelas de lo que quieras.

Se acerca al mostrador, que más bien parece una larga barra de bar y pide:

- Ponnos una mediana de sepia y otra de mandarina.- Se gira hacia mi - ¿Te gusta la de mandarina?
- No la he probado nunca pero venga.

Esperamos y nos fumamos un porro mientras.

- VACÍO -

Estamos de vuelta en casa, no he visto ni las pizzas ni el coche y ya se ha hecho de noche.

- Bueno, ¿subo un rato y me presentas a tu madre?
- Claro.- En realidad no me parece muy buena idea presentarle a mi madre. Conociendole solo puede meterme en algun marron con uno de sus comentarios.

Subimos las escaleras de casa con las luces apagadas. En algún punto del camino él ya no está. Cuando estoy a un tramo de escaleras de la puerta me cruzo con mi madre que va corriendo escaleras abajo. Por algún motivo no me extraña e incluso me siento aliviado. Parece que voy a evitar el encuentro. No cruzamos palabra alguna, ni nos miramos en ningún momento.

Yo sigo subiendo y encuentro la puerta de casa entreabierta, con la luz del recibidor encendida. Entro y me dirijo hacia mi habitación. No es mi habitación. Es una habitación conocida para mi, he pasado muchas noches allí, pero no en esa casa. Mi gato está sentado en el sofá cama. Es un gato común, negro, con el pelo bastante largo y bastante gordo.


-!Que haces aquí! Me acerco a saludarle.

Segun me aproximo a él veo como su cabeza se empieza a volver más huesuda y alargada. Sus pupilas empiezan a extenderse a achatarse hasta transformarse en dos finas líneas horizontales y le están brotando dos bultos a ambos lados de la frente. Se ha transformado en una cabra negra.

Doy un paso atrás y me quedo totalmente quieto. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Reuno el valor para volver a fijarme en él y veo que vuelve a ser mi gato. Además parece que está profundamente dormido. Sigo muy asustado pero decido acercarme y acariciarle. Se despierta y me mira fijamente. Sus pupilas ahora están competamente dilatadas, hasta el punto de que sus ojos son dos esferas del negro más absoluto. Empiezo a temblar y doy un salto hacia atrás. Por fin me doy cuenta, estoy en un sueño.

Estoy muy nervioso y empiezo a golpearme la cara con la palma de la mano.

- !Es una pesadilla!!Despierta!!Es una pesadilla! - Repito estas palabras una y otra vez sin parar de golpearme la cara.

Me despierto sobresaltado y me incorporo rápidamente. Ha funcionado. Sigo completamente alterado. Se abre la puerta de la habitación y siento un gran alivio al ver algo de luz entrando desde el pasillo.

- !Que pasa! Estabas gritando  ¿Estás bien?
- Si, ahora ya si. He tenido una pesadilla ¿Dices que he gritado?
- Si, gritabas ¡Despierta, Despierta! Me has dado un susto de muerte. Vuelvete a dormir.

Ya me siento mucho más aliviado. Me tapo, me doy la vuelta y cierro los ojos.

- Siento haberte asustado. Cierra la puerta cuando salgas.
- No te preocupes. Sólo ha sido una pesadilla - Me susurra desde mi espalda al oído.

En ese momento un nuevo escalofrío recorre muy cuerpo. Conozco a esa persona, pero yo no vivo con ella. Doy un salto en la cama. La angustía me ha hecho ponerme a llorar.

- Despierta! Despierta! Despierta!

Despierto en mi cama, y me incorporo sobresaltado.

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