Rem 22012009

Estoy en la casa de mi infancia, hay mucha gente, de distintas épocas y situaciones de mi vida. Muchas de las personas no tienen relación unas con otras, ni siquiera en el tiempo, salvo porque los conozco a todos.

- VACÍO -

Entro en el salón,y contemplo una típica situación que se repetía muchas navidades en el pasado.  En la mesa del fondo, junto a la ventana, estaba un familiar, ahora difunto, con el que no había tenido apenas relación desde algo pasada mi adolescencia. Estaba sentada sobre una silla, apollando sus manos sobre sus inseparables muletas. Me acerco a saludarla, pero cuando estoy a medio camino fija sus ojos en mi, sonrie y me dice:

- ¿No piensas venir a visitarme nunca?¿ Ni siquiera ahora que ya estoy muerta? 

Me quedo paralizado. No se qué decir. Ella me mira, sonriendo aún, pero puedo notar el desprecio en su mirada. Sigue:

- ¿Y tampoco piensas ir a verla a ella? Mira cómo está. Y ni siquiera la has visto desde hace años - Sé que se está refiriendo a su inseparable compañera, que ahora se encuentra en una residencia de ancianos.

Señala a su izquierda. Puedo notar su rabia en su voz y en cómo tiembla su mano cuando apunta hacia algo que hay sobre la mesa. Y ahí está, sobre el mantel de navidad de toda la vida, hay un objeto metálico, con la apariencia y el tamaño de un viejo candíl, pero completamente metálico, a excepción de una pequeña circunferencia en el centro.

Doy unos pasos más para poder ver lo que me señala más de cerca. Entonces lo veo, en la circunferencia del centro del candil hay un globo ocular, que se mueve nervioso mirando en todas direcciones. Durante unos segundos nos quedamos mirando fijamente.

- VACÍO -

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